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Kamba Kuá
(8-setiembre-1995)
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Luego de la experiencia
vivida en el viaje a Maringá, Pr (BRASIL) en el II CEPIAL,
en una reunión de trabajo, Aldo Garay (investigador, videista
y fundador de Sobremaderas) propone la idea de empezar a pensar
en la posibilidad de un proyecto relacionado con la Comunidad negra
afro-descendiente en el Paraguay. En sus investigaciones sobre Candombe,
Aldo se había encontrado con la información de la
existencia de esta comunidad afro-paraguaya, descendientes de aquellos
negros lanceros que acompañaron a Artigas hacia el exilio
allá por el año de 1820.
Entonces nos pusimos a elaborar una propuesta, contactando al agregado
cultural de Paraguay en Montevideo, recibiendo en primera instancia
un llamativo interés, cosa que nos motivó para seguir
trabajando y volcar todas las ideas en un proyecto concreto. Luego
de varias reuniones con el diplomático, vimos que el interés
por la investigación cultural no era tal y decidimos abandonar
ese contacto, por una cuestión de... salud mental.
Paralelamente Dionel había conocido a un paraguayo, Telmo
Carrillo, que vivió en Uruguay mucho tiempo y que se interesó
por la idea nuestra de llegar hasta la comunidad negra de Kamba
Kuá. Nos contacta con la periodista Celsa Pereyra, redactora
de Diario ABC COLOR de Asunción quien estaba en ese momento
en Montevideo (principios de 1995), mostrándose muy interesada
en el proyecto Sobremaderas en general.
Luego de varios meses y sin lograr ningún tipo de apoyo en
Montevideo para seguir con el "Proyecto Kamba Kuá",
surge la posibilidad, a instancias de Celsa desde Paraguay, de viajar
a Asunción para participar en el Festival del Lago Ypacaraí.
Pero de Kamba Kuá ni una palabra... Esto fue en los primeros
días de setiembre de 1995 y el viaje estaba prácticamente
arreglado para la primer semana de ese mismo mes. Entonces en cuestión
de una semana, conformamos el elenco de 15 integrantes, el repertorio,
coordinamos los ensayos y el quinto día de setiembre estábamos
viajando hacia Asunción del Paraguay para participar en la
Vigésimo tercera edición del Festival del Lago Ypacaraí.
De Kamba Kuá... ni una palabra...
  
Viaje normal, el día 6 estábamos en la terminal de
Asunción donde nos esperaba Celsa con el transporte listo
para ir al Hotel.
El "Hotel" resultó ser un Destacamento militar
en el centro mismo de Asunción. Muy curioso... De hecho nos
trataron magníficamente bien, teníamos a nuestra disposición
el salón de actos para ensayar, nuestros dormitorios independientes,
comida, desayuno, todo absolutamente impecable. El trato principal
era entre un militar de alto rango y el "oficial a cargo"
de Sobremaderas obviamente. Pero lo hacían con un humor y
un respeto que nos hicieron sentir muy pero muy cómodos los
tres días que estuvimos en sus instalaciones.
Los dos primeros días (6 y 7) fueron de contactos de prensa,
paseos y ensayos. La actuación en el Festival de Ypacaraí
estaba planeada para el 8 de setiembre a las 21:00 hrs.
Apenas instalados, con Aldo y Dionel, en la primera oportunidad
que tuvimos, le expresamos a Celsa nuestra intención de ir
a la Comunidad negra de Kamba Kuá lo antes que pudiéramos.
No se mostró muy convencida de la idea argumentando que no
había tiempo y demás...
  
Llega el día de la actuación en el Festival y a eso
de las 6 de la tarde más o menos subíamos al ómnibus
que nos llevaría hasta allí.
Encaro a Celsa con la firme intención nuestra de ir a Kamba
Kuá, pues quedaba de pasada para el Lago Ypacaraí
(dicho por ella misma). Se muestra absolutamente contraria argumentando
que "era muy peligroso", que era "un barrio pobre",
"marginal", que nos iba a agarrar la noche allí
y que no podía garantizar nuestra seguridad.
Apoyado fundamentalmente por Aldo y Dionel, noto que los demás
(incluidos los morenos del grupo) se mostraban reticentes y apoyaban
más a Celsa que al trío gestor de este viaje... en
fin...
El objetivo perseguido por nosotros tres era clarísimo: ir
a Kamba Kuá a toda costa... y lo del Festival era una cuestión
"de tramite" comparado con la empresa original.
En definitiva hacemos caso omiso de los "consejos" de
Celsa y le digo firmemente que vamos a ir a Kamba Kuá sí
o sí y que no había otra posibilidad. Queda protestando
y murmurando... pero acata.
En el camino trata de convencernos de que "entráramos
en razón" y encuentra eco en el chofer quien se anota
con comentarios: "que es una locura", "que es peligroso",
que "no hay ni una luz", etc. A esa altura del viaje,
ya casi llegando, el trabajito fino de Celsa y el chofer hacían
eco también en muchos de nuestros compañeros que me
venían a hablar para que siguiéramos de largo hacia
Ypacaraí. Los que más nos conocíamos (Pantera,
Pujol, Mauro) no se plegaron al ambiente provocado por Celsa y compañía
y guardaban silencio respetuoso y mantenían la confianza
hacia Aldo, Dionel y hacia mi sobretodo pues era el interlocutor
con los dos paraguayos.
En determinado momento el ómnibus se desvía hacia
la izquierda de la carretera y se adentra en la oscuridad, casi,
más profunda. En ese sentido tenían razón,
pero por suerte sólo en ese sentido...
De pronto para en el medio de la (ahora sí), noche más
negra y el chofer dice que habíamos llegado a Kamba Kuá.
Le pido que por favor deje las luces prendidas y digo en voz alta
a todo el grupo que armaríamos "la cuerda" adelante
de la bañadera. Lógicamente Celsa gastó su
último cartucho en tratar de convencerme de que "era
una locura" por lo peligroso y que no se sabía lo que
iba a pasar...
En realidad nadie sabía lo que el destino y la suerte nos
tenían preparado.
   
Armamos la cuerda, entonces, "madera" y a tocar caminando
hacia el medio de la noche tipo "boca de lobo", iluminados
solamente por las luces del ómnibus atrás nuestro.
Habremos caminado, no se... diez metros... y la noche empezó
a iluminarse esta vez con la luz de las ventanas y de las puertas
que se iban abriendo "al paso de la comparsa". Inmediatamente
y como si estuviéramos tocando en pleno barrio Palermo en
Montevideo, los habitantes de Kamba Kuá, bailando Candombe,
encabezaban los tambores, dirigidos por una pareja de mayores (muy
mayores), con una alegría, una energía, que daba muestras
de profundo agradecimiento hacia ese pequeño homenaje que
con Aldo y Dionel habíamos soñado muchos meses atrás.
Pantera y Claudia bailando adelante, Jorge, Aldo y Germán,
"escoltando" la "cuerda" . Recuerdo los ojos
vidriosos de Pujol, los míos propios y la cara de orgullo,
satisfacción y seguridad de estar "haciendo un poquito
de historia".
El toque era atronador, avasallante, el barrio entero supo de nuestro
homenaje, sin duda.
Aquellos mayores nos dirigieron hacia su Iglesia y allí fue
el toque final y con más energía. Ronda de tambores
y la danza en el medio. Aplausos, abrazos, gracias, besos, sonrisas
permanentes. ¿Quienes son?, ¿Adonde van?, ¿Se
quedan? ¿Cuánto se pueden quedar?, ¿Vuelven?
   
El encuentro fue muy breve, pues nos fuimos enseguida ya que había
que estar en hora en el Festival. Nos fuimos "volando"
para llegar a la hora pactada de la actuación (21:00), sin
saber y sin siquiera imaginarnos que actuaríamos a las 3:00
de la madrugada y que nuestro pasaje por el Festival del Lago Ypacaraí
sería "otra historia" de las increíbles
que sólo le pasan a Sobremaderas...
Así es que nos subimos al ómnibus con rumbo al Festival,
después de muchos saludos y abrazos, prometiendo volver algunos
de nosotros al día siguiente. Luego los incidentes en Ypacaraí
nos obligarían a querer irnos de Paraguay lo antes posible.
La salida de Kamba Kuá fue una especie de "comunión"
en silencio de valoraciones y de esas cosas... Los morenos de Sobremaderas
al tiempo que cantaban la clásica canción a San Baltasar
acompañada por algunos tambores, me miraban con gestos de
aprobación y "casi" de agradecimiento.
Los ojos inundados en lagrimas de la mayoría de nosotros
nos acompañaron hasta el Festival del Lago, (que más
tarde se encargaría de quitarnos toda la magia vivida aquella
noche en la Comunidad Negra de Kamba Kuá).
Ya en Montevideo, "me reporto" a mis viejos (como siempre
lo hago a la vuelta de cada viaje) y les cuento esta anécdota.
El viejo Aldo, emocionado hasta las lágrimas, orgulloso de
lo que habíamos hecho me dice, como puede, que ese homenaje
seguramente iba a trascender a nosotros más allá de
nuestro tiempo y que ya había pasado a ser parte de la historia
misma de Kamba Kuá.
Ojalá viejo...
Días después me entrega unos versos que había
escrito. "Tradición" se llamaba el poema. |
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Mario
Ipuche
nov-2005
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TRADICION
(Dentro
de cien años, en Kamba Kuá)
Mi abuelo
me lo contaba
(se lo
había oído a su abuelo)
la noche
era negra, negra,
no había
luces ni el en cielo...
El abuelo
de mi abuelo
era un
gurí como yo:
le alborotaba
la sangre
cualquier
toque de tambor.
Tambores
del Uruguay vienen
tocando
a llamada:
Tambores
del Uruguay
manos negras,
manos blancas...
Tambores
del Uruguay
despertando
las ventanas !
la tierra
del padre Artigas
nos mandaba
una llamada... !
"Fuimos
abriendo ventanas
y puertas",
decía el abuelo:
que cuando
suena a llamada
hay que
darle el gusto al cuerpo...
Mi abuelo
me lo contaba
la noche
era negra, negra
pero sonó
aquel tambor
y la noche
se hizo fiesta...
Mi abuelo
me lo contaba,
fue una
noche de leyenda...!
(Aldo D.
Ipuche)
(padre de Mario Ipuche)
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Hola!
Mi nombre es Nancy soy de la Comunidad de Kamba Kuá y Bailarina
del Grupo Tradicional Kamba Kuá, me emocione bastante cuando
vi las fotos de Uds., con nosotros en aquel año en donde
vinieron a conocernos en nuestra comunidad, mas todavía cuando
vi a mi Abuelo Santiago y a mi Tía Agustina, estas personas
son muy importantes para nosotros por ser las de mas edad y por
inculcarnos a mantener nuestra Tradición Kamba (Negra). Cada
6 de enero honramos a nuestro protector negro "SAN BALTAZAR",
organizando una FIESTA KAMBA .
Sigan hermanos inculcando nuestra cultura afro.
Saludos desde PARAGUAY
NANCY MEDINA
BALLET KAMBA KUA
(Correo electrónico
enviado a Sobremaderas el 30 de diciembre de 2002)
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